“Cuando entré a la casa el miedo era terrible porque no sabíamos si nos íbamos a encontrar con isleños armados o ingleses, pero por suerte no había nadie. Sentí una conexión con ese lugar, era una estancia patagónica muy linda, con muebles, cortinas, una vista alucinante, sierras, un río que serpenteaba lleno de truchas, y yo estaba mojado, moribundo, esquelético. Revisé un cajón y encontré un pulóver con borde azul en cruz, era hermoso, y cuando me lo puse en la nariz tenía un perfume parecido al de mi mamá. Cuando uno se está muriendo esas cosas simples, una casa limpia y un abrigo, te devuelven la dignidad. Me alimenté con desesperación, comí manteca sola, pero en esa casa tuve unos momentos de introspección y, con ese abrigo que me dio cobertura, me prometí que algún día iba a volver a hablar con esas personas y les iba a explicar en qué contexto me robé el tejido que me salvó la vida”, contó Savage.
Y cumplió su palabra: “Veinticuatro años después regresé y pude devolvérselo a una de las hijas del matrimonio que vivía en esa casa. Fue un momento totalmente emocionante, ella reconoció el pulóver de su papá ya fallecido. Lloramos juntos, completamos la historia. Cuando estábamos volviendo, uno de los isleños que venía en el vehículo todo terreno, con el que cruzamos el mismo río que yo había atravesado a pie dos décadas antes, me dijo que me sintiera orgulloso porque estaba construyendo puentes, eso me emocionó mucho”.
También era impensado que 41 años después de la guerra, la historia de Miguel se hiciera canción. Todo comenzó en pandemia, cuando Milocco contactó al excombatiente con la intención de hacerle una entrevista. “Hicimos una nota muy linda –recordó Savage– y así empezó una amistad. Después de dos años le propuse que componga un tema con la historia del pulóver. A la semana me mandó unos acordes y una letra que era como si la hubiera escrito yo, interpretó perfectamente mi sentir. Yo no quiero que nos vean como una especie de tótem patriótico, porque no fue así. Mi desesperación es que la sociedad cuestione a cualquier gobierno que tome una decisión tan alocada, que pregunte por qué va a ser, quién va a ir”.
El autor de Lana, Lucho Milocco, también habló con Conclusión y señaló: “Un día Miguel me dijo que tenía que hacer la canción del pulóver, para mí era un desafío muy grande, porque es difícil situar un abrigo en una guerra y poder condensar en una canción el sentido que eso tiene. Paralelamente, no quería hablar de Malvinas desde un lugar romantizado, sin cuestionar la decisión política de una guerra”.
El artista decidió que la canción sea una milonga sureña porque representa un poco el paisaje de Malvinas, pero además porque este género suele estar asociado a contenidos más críticos. A tres años de haber lanzado el tema, consideró: “Me parece que faltaba una mirada que no romantice la guerra como hecho social, humano ni político. La canción cuestiona qué es la patria, qué pensamos y construimos como patria, qué lugar le damos al autoritarismo y a la violencia”.
Juntar las partes rotasTras caer prisionero de los ingleses, Savage y sus compañeros fueron llevados por los británicos, a bordo del barco Canberra, hasta Puerto Madryn: “Fue interesantísimo ver a ingleses y argentinos conviviendo en el mismo barco. Los tipos que nos habíamos cagado a tiros, ahora veníamos conversando de fútbol y de música, con charlas que tienen pibes de 20 años”.
Con los soldados argentinos en Puerto Madryn, la dictadura inició un operativo de traslado secreto: “Nos llevan de noche y en micro a Trelew, de ahí a Palomar y luego a Campo de Mayo, donde intentan engordarnos. Nos hacen firmar declaraciones juradas para guardar secreto militar, ahí nos rebelamos. Nos largan el 21 de junio a la noche. Cuando llegamos a La Plata encontramos un escenario de confusión, a familiares saltando la pared del Regimiento, perdiéndoles el respeto a los milicos. Entre la multitud me encontré con mi hermano, de 13 años, que me guió hasta donde estaba mi familia. Fui corriendo y me abracé con mi vieja en la calle, ese fue uno de los momentos más impresionantes de mi vida, era la muerte encontrándose con la vida. Nunca más me voy a olvidar de los gritos de felicidad de mi mamá”.
Al ser consultado por la sociedad que encontró tras la guerra, apuntó: “Los adultos que habían aplaudido como focas a Galtieri y habían sido víctimas de la manipulación de los medios de comunicación de la dictadura se sentían incómodos con nosotros. Al principio hablé del tema, pero después me empecé a guardar porque la sociedad no había entendido lo que pasó o sentía vergüenza de lo que había apoyado. Nos veían como parte de la dictadura y nosotros éramos civiles, víctimas de esa situación. Me fui a vivir a Venado Tuerto (residió allí hasta jubilarse y luego regresó a su barrio natal), puse un negocio de artículos rurales y casi que no hablé del tema durante 20 años, recién pude manifestarlo en el 2001”.
Miguel encontró en la escritura una forma de sanar las heridas que la guerra le dejó y así nació su libro “Malvinas, sobrevivir y honrar la vida”. “El 2001 me barrió como a todos los argentinos y ese estado de estrés me conectó con el estado de estrés del pozo y el combate. El libro fue una especie de vómito, me puse a escribir y salió todo, fue muy sanador”, expresó.
“Al día de hoy nunca concurrí a un acto del 2 de abril. Me siguen traumando las reacciones futboleras del tema”, apuntó el excombatiente, quien volvió a las islas en el 2000 –cuando encontró el pozo que lo refugió y pudo rescatar algunas de sus pertenencias–, en 2006 y en 2008. “Después del tercer viaje, sentí que no necesitaba volver más”, cerró.