Sociedad: El excombatiente que “robó” un pulóver en Malvinas para salvar su vida

02/04/2026 | 539 visitas
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Miguel Savage tenía 19 años, temblaba de frío y estaba mojado de pies a cabeza. Cauteloso y raquítico, ingresó a la estancia de unos isleños. Llevaba dos meses en las Malvinas, había perdido 22 kilos y hacía semanas que no comía algo que no fueran caldos o mate cocido. Como en la propiedad no había nadie, se animó a buscar algunos alimentos y a abrir un cajón: allí, doblado y perfumado, encontró un pulóver que le salvó la vida.

 Más de veinte años después pudo regresar al territorio austral para devolver la prenda. Esta historia fue inmortalizada hace tres años por el músico santafesino Lucho Milocco, quien la convirtió en una canción llamada “Lana”.
 
“En Malvinas convivimos con tres enemigos, el clima, los ingleses y la dictadura argentina”, contó Savage a Conclusión, al tiempo que señaló: “No fuimos a la guerra con el Ejército de San Martín, sino con el Plan Cóndor, con los mismos tipos que habían ejecutado el plan sistemático de desaparición y detención de personas y el robo de bebés”
 
“Antes de partir llegamos a ver las primeras plazas de (Leopoldo Fortunato) Galtieri por el televisor de la cantina. Veíamos a toda la gente enfervorizada, patrióticamente, futbolísticamente, un pueblo en salita de tres que había salido a apoyar a la dictadura sin cuestionamientos, sin preguntar quién iba a la guerra, cómo iba a ser”. 
 
En las trincheras del alma
Miguel Savage nació el 9 de diciembre de 1962 en Lomas de Zamora, en el sur del Gran Buenos Aires. Vivió en el seno de una familia de clase media, donde no había lujos pero tampoco privaciones. Recuerda haber tenido una infancia y adolescencia tranquila y un especial gusto por el tenis y la Ingeniería Agrónoma. 
 
Sin embargo, la dictadura cívico-militar tenía otros planes para él: Miguel hizo el Servicio Militar Obligatorio en la ciudad de La Plata pero, durante su formación, nunca utilizó un arma. “Realizaba trabajos de limpieza en las instalaciones de Tiro Federal. El Ejército en esa época mandaba colimbas como secretarios, así que estaba acovachado ahí, pero como un desertor no se presentó a la guerra, me llamaron y, pese a no ser un soldado, terminé al pie de Monte Longdon, el escenario del combate más sangriento, donde más ingleses y argentinos murieron”, dijo el sobreviviente de Malvinas. 
 
Sobre el día en que fue convocado a la guerra, repasó: “Me presenté como todos los días en el Tiro Federal para limpiar baños y cebarle mates al encargado, que fue quien me avisó que habían llamado del Regimiento y que me tenía que presentar. Estaba muy nervioso, pero con cierta tranquilidad porque no creía que me iban a mandar a la guerra… ¡no tenía preparación! Pensé que me estaban acuartelando para tenerme de reserva y reemplazar a los soldados que sí estaban entrenados”. El martes 13 de abril Savage, junto a su regimiento, partió rumbo a Malvinas en un vuelo que salió desde El Palomar e hizo escala en Río Gallegos. 
 
El ex combatiente comenzó a hablar de su experiencia bélica hace veinticinco años, cuando la crisis del 2001 revivió en él algunos traumas. Desde entonces, sostiene que sin esta guerra la situación colonial de las islas sería otra, dado que los isleños estaban abandonados, Inglaterra no les daba atención y ni siquiera tenían pasaporte birtánico. 
 
“Los isleños se habrían integrado al continente argentino y hoy en día no tendríamos la base de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en el Atlántico Sur. Los militares cometieron un enorme error geopolítico. Ahora, hay que negociar por vías diplomáticas”, observó. 
 
No quiero ser yo tu patria
“El primer día que llegamos a las islas caminamos 18 kilómetros hasta un galpón de ovejas donde dormimos mojados y acalambrados. Ahí empezó un calvario que duró 60 días, vivíamos en un pozo congelado. Yo perdí 22 kilos, pero tenía compañeros que se pegaban tiros en los pies para que los evacuen. Convivimos con tres enemigos, el clima, los ingleses y la dictadura argentina, o sea, nuestros jefes. Es muy difícil de entender cómo el Estado argentino sometió a ese grupo de pibes civiles a semejante odisea, con qué irresponsabilidad lo hizo, cómo nos usaron de carne de cañón”, alertó Savage. 
 
Para dar cuenta de por qué los propios militares argentinos eran un enemigo, ilustró: “Al tercer día, la ausencia de comida era total. Estuvimos dos meses a mate cocido y caldos, nunca hubo alimentos sólidos y los pocos que había eran ingeridos por nuestros jefes. Cuando nos escapábamos al pueblo para tratar de afanar comida de los tachos de basura éramos brutalmente castigados, con estaqueos y patadas. Los jefes estaban muy poco en el frente, dormían en casas en el pueblo”. 
 
Al ser consultado sobre el contacto que tuvo con su familia mientras estuvo en Malvinas, el ex combatiente comentó: “Envié cartas durante el primer mes, después por el bloqueo se suspendió todo. Yo les mentía a mis padres, les pintaba un prolijo paraíso, de que estaba bien, no tenía hambre ni frío, cuando la realidad era que me estaba muriendo lentamente. También les pedía cosas, mis cartas eran una lista de supermercado. Mi familia mandó 53 encomiendas, casi una por día. Me llegó una sola que fue violada por el sargento, que era nuestro jefe, que se había comido todo. Me la entregó diciendo que tenía olor a mi mamá, mirá el sadismo de los tipos”. 
 
“Lo criminal fue que cuando los ingleses desembarcaron no nos retiraron del frente. Habíamos perdido entre 20 y 30 kilos, un compañero murió de frío y desnutrición antes de que lleguen los británicos, estábamos raquíticos como prisioneros de un campo de concentración. De los 10.000 soldados que estuvimos combatiendo, sólo 3.000 fueron profesionales”, apuntó. 
 
“No podíamos creer que nos manden con tan poca preparación –denunció Savage–. Algunos de mis compañeros compraron todo el patrioterismo que se inoculó, pero nosotros sabíamos que ahí no teníamos que estar nosotros, sino los soldados profesionales, que había para hacer dulce en la Argentina de esos años. Eso es lo paradójico, cuando llega el momento de desarrollar el rol de sus vidas, la dictadura no va, manda civiles, manda al pueblo”. 
 
Y completó: “Los militares intentaron instalar que Malvinas era una cosa separada de la dictadura, cuando en realidad es la etapa final del proceso. Mandarnos a nosotros a la guerra fue un manotazo de ahogado irresponsable y criminal, nuestra vida no les importaba”. 
 
Un pulóver azul, como un chaleco antibalas 
El 2 de abril de 2023 el artista sastense Lucho Milocco lanzó la canción “Lana”, que cuenta con la participación de León Gieco. Esta milonga sureña relata, ni más ni menos, la historia de Miguel: “Lo del pulóver ocurre al final –recordó el excombatiente–, cuando estábamos muy moribundos. Me mandan a patrullar junto a cinco soldados y un sargento una estancia y para llegar a ella teníamos que cruzar a pie un río en pleno junio. Después de tres horas de marcha agotadora llegamos a una casita muy bucólica, en el medio de la nada. Yo iba como intérprete, como hablo inglés, tenía la tarea de negociar con los isleños y revisar si había un equipo de radio transmitiendo a los británicos”. 
 
“Cuando entré a la casa el miedo era terrible porque no sabíamos si nos íbamos a encontrar con isleños armados o ingleses, pero por suerte no había nadie. Sentí una conexión con ese lugar, era una estancia patagónica muy linda, con muebles, cortinas, una vista alucinante, sierras, un río que serpenteaba lleno de truchas, y yo estaba mojado, moribundo, esquelético. Revisé un cajón y encontré un pulóver con borde azul en cruz, era hermoso, y cuando me lo puse en la nariz tenía un perfume parecido al de mi mamá. Cuando uno se está muriendo esas cosas simples, una casa limpia y un abrigo, te devuelven la dignidad. Me alimenté con desesperación, comí manteca sola, pero en esa casa tuve unos momentos de introspección y, con ese abrigo que me dio cobertura, me prometí que algún día iba a volver a hablar con esas personas y les iba a explicar en qué contexto me robé el tejido que me salvó la vida”, contó Savage.
 
Y cumplió su palabra: “Veinticuatro años después regresé y pude devolvérselo a una de las hijas del matrimonio que vivía en esa casa. Fue un momento totalmente emocionante, ella reconoció el pulóver de su papá ya fallecido. Lloramos juntos, completamos la historia. Cuando estábamos volviendo, uno de los isleños que venía en el vehículo todo terreno, con el que cruzamos el mismo río que yo había atravesado a pie dos décadas antes, me dijo que me sintiera orgulloso porque estaba construyendo puentes, eso me emocionó mucho”.
 
También era impensado que 41 años después de la guerra, la historia de Miguel se hiciera canción. Todo comenzó en pandemia, cuando Milocco contactó al excombatiente con la intención de hacerle una entrevista. “Hicimos una nota muy linda –recordó Savage– y así empezó una amistad. Después de dos años le propuse que componga un tema con la historia del pulóver. A la semana me mandó unos acordes y una letra que era como si la hubiera escrito yo, interpretó perfectamente mi sentir. Yo no quiero que nos vean como una especie de tótem patriótico, porque no fue así. Mi desesperación es que la sociedad cuestione a cualquier gobierno que tome una decisión tan alocada, que pregunte por qué va a ser, quién va a ir”.
 
El autor de Lana, Lucho Milocco, también habló con Conclusión y señaló: “Un día Miguel me dijo que tenía que hacer la canción del pulóver, para mí era un desafío muy grande, porque es difícil situar un abrigo en una guerra y poder condensar en una canción el sentido que eso tiene. Paralelamente, no quería hablar de Malvinas desde un lugar romantizado, sin cuestionar la decisión política de una guerra”.
 
El artista decidió que la canción sea una milonga sureña porque representa un poco el paisaje de Malvinas, pero además porque este género suele estar asociado a contenidos más críticos. A tres años de haber lanzado el tema, consideró: “Me parece que faltaba una mirada que no romantice la guerra como hecho social, humano ni político. La canción cuestiona qué es la patria, qué pensamos y construimos como patria, qué lugar le damos al autoritarismo y a la violencia”. 
 
Juntar las partes rotas
Tras caer prisionero de los ingleses, Savage y sus compañeros fueron llevados por los británicos, a bordo del barco Canberra, hasta Puerto Madryn: “Fue interesantísimo ver a ingleses y argentinos conviviendo en el mismo barco. Los tipos que nos habíamos cagado a tiros, ahora veníamos conversando de fútbol y de música, con charlas que tienen pibes de 20 años”.
 
Con los soldados argentinos en Puerto Madryn, la dictadura inició un operativo de traslado secreto: “Nos llevan de noche y en micro a Trelew, de ahí a Palomar y luego a Campo de Mayo, donde intentan engordarnos. Nos hacen firmar declaraciones juradas para guardar secreto militar, ahí nos rebelamos. Nos largan el 21 de junio a la noche. Cuando llegamos a La Plata encontramos un escenario de confusión, a familiares saltando la pared del Regimiento, perdiéndoles el respeto a los milicos. Entre la multitud me encontré con mi hermano, de 13 años, que me guió hasta donde estaba mi familia. Fui corriendo y me abracé con mi vieja en la calle, ese fue uno de los momentos más impresionantes de mi vida, era la muerte encontrándose con la vida. Nunca más me voy a olvidar de los gritos de felicidad de mi mamá”.
 
Al ser consultado por la sociedad que encontró tras la guerra, apuntó: “Los adultos que habían aplaudido como focas a Galtieri y habían sido víctimas de la manipulación de los medios de comunicación de la dictadura se sentían incómodos con nosotros. Al principio hablé del tema, pero después me empecé a guardar porque la sociedad no había entendido lo que pasó o sentía vergüenza de lo que había apoyado. Nos veían como parte de la dictadura y nosotros éramos civiles, víctimas de esa situación. Me fui a vivir a Venado Tuerto (residió allí hasta jubilarse y luego regresó a su barrio natal), puse un negocio de artículos rurales y casi que no hablé del tema durante 20 años, recién pude manifestarlo en el 2001”. 
 
Miguel encontró en la escritura una forma de sanar las heridas que la guerra le dejó y así nació su libro “Malvinas, sobrevivir y honrar la vida”. “El 2001 me barrió como a todos los argentinos y ese estado de estrés me conectó con el estado de estrés del pozo y el combate. El libro fue una especie de vómito, me puse a escribir y salió todo, fue muy sanador”, expresó. 
 
“Al día de hoy nunca concurrí a un acto del 2 de abril. Me siguen traumando las reacciones futboleras del tema”, apuntó el excombatiente, quien volvió a las islas en el 2000 –cuando encontró el pozo que lo refugió y pudo rescatar algunas de sus pertenencias–, en 2006 y en 2008. “Después del tercer viaje, sentí que no necesitaba volver más”, cerró.
  
  



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